70.000 veces alguien se asomó a este diario
No sé muy bien cuándo pasó. Este blog nació sin grandes aspiraciones, como nacen las cosas importantes: con la necesidad de guardar. Guardar experiencias, proyectos, clases que salieron bien, ideas que funcionaron a medias, actividades bonitas, momentos de aula que merecían quedarse un poco más.
Este blog es mi diario profesional.
Mi cuaderno de bitácora.
El lugar donde dejo constancia de las cosas chulas que he ido haciendo a lo largo de los cursos.
Y lleva aquí más de cuatro años. Cuatro años en los que muchas veces he pensado en dejarlo.
Porque escribir en un blog hoy en día es un acto casi arqueológico. No es inmediato, no es rápido, no da recompensas visibles. Aquí no hay likes que suben, ni notificaciones que celebran nada. Y, sobre todo, no hay comentarios. Eso es, probablemente, lo más duro.
Publicar un artículo, compartirlo, y que el espacio bajo el texto se quede en blanco. No por falta de interés, lo sé, sino porque el formato comentario ya no se usa. Leemos en silencio, guardamos, pensamos “qué interesante”, y seguimos con el día. Yo misma lo hago en otros blogs.
Y aun así, ese silencio pesa.
Hay días en los que he pensado: ¿Para qué seguir? ¿A quién le importa esto?¿Tiene sentido mantener un diario que parece no tener respuesta?
Entonces miro el contador. Y veo que ese número no deja de crecer.
70.000 visitas no son un algoritmo. Son personas reales que, en algún momento, llegaron aquí buscando ideas, inspiración, una actividad concreta, una reflexión docente, o simplemente curioseando.
Personas que quizá no comentan, pero leen.
A veces me las imagino. Y hoy quiero darles voz, aunque sea de forma ficticia, porque sé que podrían decir algo así:
“No suelo comentar nunca, pero he usado varias actividades del blog en clase. Gracias por compartirlas.”
“Llegué aquí buscando una idea rápida y me quedé leyendo varias entradas seguidas.”
“Me gusta entrar de vez en cuando y ver qué estás haciendo este curso. Me recuerda por qué me gusta enseñar.”
“Este blog me acompaña más de lo que imaginas, aunque nunca haya escrito nada.”
Puede que nadie haya escrito exactamente estas palabras, pero estoy convencida de que algo de esto ocurre. Porque si no, el contador no avanzaría. Y avanza. Despacio, constante, sin hacer ruido.
Este blog no compite con nada. No persigue tendencias.No intenta gustar a todo el mundo. Existe porque yo lo necesito.
Porque escribir aquí me ayuda a ordenar lo vivido, a valorar lo hecho, a recordar que pasan cosas buenas en medio del cansancio, las dudas y los cursos que pesan. Es mi manera de decir: esto también cuenta.
Y si además, de vez en cuando, alguien se asoma, lee y se lleva algo… entonces ya es más que suficiente.
Así que hoy celebro estas 70.000 visitas no como un logro espectacular, sino como una confirmación suave: mi pequeño diario gusta, aunque no siempre hable.
aunque no siempre responda.
Gracias a quienes habéis pasado por aquí alguna vez.
Gracias a quienes volvéis.
Gracias a quienes leéis en silencio.
Y gracias también a este blog, que sigue ahí, incluso cuando pienso en dejarlo… recordándome por qué empecé.

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