Hola,
Hoy he subido la entrada número 350 del blog.
Lo escribo y todavía me parece raro. Trescientas cincuenta. No es un número redondo, no tiene fuegos artificiales, pero sabe dulce. Sabe a constancia. A días buenos. Y a días en los que publicar era casi un acto de fe.
Este blog empezó hace casi cinco años. Y todo ese tiempo da para mucho. Para entusiasmo del principio. Para rachas de inspiración desatada. Para temporadas de silencio mental en las que sentarte a escribir era como intentar sacar agua de un pozo seco.
Ha habido momentos duros tanto personales como profesionales. De esos que te dejan con pocas ganas de exponerte y menos aún de ordenar pensamientos. Y, aun así, aquí he seguido. A veces con energía. A veces con disciplina. A veces simplemente porque necesitaba agarrarme a algo que fuera mío.
Publicar se convirtió en una especie de faro en mitad del caos. No siempre iluminaba todo, pero me recordaba que seguía aquí.
Y en medio de todo eso, han llegado los últimos artículos. Algunos han tenido una acogida que me ha sorprendido de verdad. Más lecturas. Más mensajes. Más comentarios. Personas que me escriben para decir “esto me ha servido” o “esto me ha hecho pensar”. Y no os imagináis lo que eso significa.
No escribo solo para que me lean. Escribo porque lo necesito y porque pienso que como docente tengo que compartir mi trabajo. Pero cuando al otro lado hay alguien, cuando lo que comparto encuentra eco, la motivación se multiplica. Es como si cada palabra encontrara su sitio en otra casa.
A veces pensamos que el crecimiento tiene que ser espectacular para que merezca la pena. Pero 350 entradas me han enseñado que el crecimiento también es esto: volver. Sentarte otra vez. Pulsar publicar otra vez. Confiar otra vez.
No sé si llegaré a las 500. No sé cómo serán los próximos meses. Lo que sí sé es que hoy estoy profundamente agradecida. Por haber seguido. Por no haber cerrado el blog en los momentos de bajón. Por cada persona que lee, comparte o comenta.
Trescientas cincuenta entradas después, sigo teniendo ganas.
Y eso, para mí, ya es una pequeña victoria.
Gracias por estar ahí. 💛

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